jueves, 16 de junio de 2011

Ezequiel Treister y los Agujeros Negros

Un agujero negro es un cuerpo celeste con un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la radiación electromagnética puede escapar de su proximidad. Un campo de estas características puede corresponder a un cuerpo de alta densidad con una masa relativamente pequeña -como la del Sol o menor- que está condensada en un volumen mucho menor, o a un cuerpo de baja densidad con una masa muy grande, como una colección de millones de estrellas en el centro de una galaxia.

Es un “agujero” porque las cosas pueden caer, pero no salir de él, y es negro porque ni siquiera la luz puede escapar. Otra forma de decirlo es que un agujero negro es un objeto para el que la velocidad de escape es mayor que la velocidad de la luz, conocido como el ultimo límite de velocidad en el universo.


Todo agujero negro está rodeado por una frontera llamada “horizonte de eventos”, de la cual no se puede escapar. Cualquier evento que ocurra en su interior queda oculto para siempre para alguien que lo observe desde afuera. El astrónomo Karl Schwarszchild demostró que el radio del horizonte de eventos, en kilómetros, es tres veces la masa expresada en masas solares; esto es lo que se conoce como el radio de Schwarzschild. Este radio es un filtro unidireccional, pues cualquier cosa puede entrar, pero no salir. La masa de un cuerpo y su radio de Schwarzschild son directamente proporcionales.

Además según la relatividad general, la gravitación modifica el espacio - tiempo en las proximidades del agujero.

Un agujero negro es un objeto que tiene tres propiedades: masa, espin y carga eléctrica. La forma de la material en un agujero negro no se conoce, en parte porque está oculta para el universo externo, y en parte porque, en teoría, la material continuaría colapsándose hasta tener radio cero, punto conocido como singularidad, de densidad infinita, con lo cual no se tiene experiencia en la Tierra.

En teoría, los agujeros negros vienen en tres tamaños: mini agujeros negros, agujeros negros medianos y agujeros negros supermasivos.

Señales de agujeros negros gigantes que ingerían gas desde los orígenes del universo mostrarían que esos glotones del cosmos crecieron al mismo tiempo que sus galaxias desde el inicio de los tiempos, según revela un estudio realizado por un equipo de astrónomos que está liderado por el científico argentino Ezequiel Treister.



"Hasta ahora, no teníamos idea del papel de los agujeros negros en estas primeros galaxias, o si existían", señaló Ezequiel Treister, quien se desempeña en la Universidad de Hawai y es el autor principal de un estudio que publica esta semana la revista Nature. "Ahora sabemos que están allí, y están creciendo frenéticamente", señaló el científico.

Las observaciones mostraron que entre el 30 y el 100 por ciento de las galaxias distantes contienen un agujero negro creciente. Extrapolando estos resultados a observaciones más pequeñas del cielo raso, se calcula que hay por lo menos 30 millones de agujeros negros en el Universo temprano.

En los lejanos quasares, luminosos núcleos activos de galaxias, los astrónomos ya habían descubierto agujeros negros de más de mil millones de masas solares, que habrían existido menos de mil millones de años después del Big Bang.

Los autores del nuevo estudio, que apareció en la revista científica británica Nature, estudiaron una muestra más amplia de agujeros negros que se supone están en el centro de unas 200 galaxias muy lejanas detectadas por el telescopio espacial Hubble.


Estas galaxias al parecer existieron de 700 a 950 millones de años después del Big Bang. Por lo tanto, su luz habría viajado cerca de 13.000 millones de años en el cosmos antes de ser captada por el Telescopio Espacial Hubble.

¿Cómo detectar agujeros negros a tales distancias en el tiempo y en el espacio? Los gases y los polvos se arremolinan a gran velocidad antes de ser devorados por esos ogros del espacio, emitiendo rayos X. Gracias a esos registros el equipo logró detectar las ínfimas radiaciones -unos pocos fotones X de alta energía por galaxia-, que franquearon tales distancias.

Tras haber adicionado y ampliado las radiaciones de los agujeros negros de unas 200 galaxias estudiadas, el equipo de Treister cree que "los agujeros negros han crecido junto con las galaxias que los han albergado a lo largo de toda la historia del cosmos".



Concluyen que esos agujeros negros -ocultos por la gran cantidad de gases y polvo que absorbían la mayor parte de las radiaciones, salvo los rayos X-, "crecieron significativamente más rápido" durante los primeros tiempos de lo que se creía hasta ahora.

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